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Qué se pone en juego en las próximas elecciones el 22 de Octubre



Redacción Redacción

Tenemos el agrado de compartir este interesante articulo publicado por el periodista villamercedino, ex conductor del noticiero por aquellos tiempos CTC Eduardo Gargiulo quien desde el portal apuntesdesanluis.com nos brinda un panorama muy amplio y objetivo de lo que serán las próximas elecciones el 22 de Octubre. En apenas siete días la sociedad de San Luis expresará con su voto cuáles son sus intenciones o preferencias políticas. Elecciones extrañas estas. A pesar de ser legislativas, de “medio término” se denominan, muchos la han tomado como decisivas para el Ejecutivo que se peleará dentro de dos años.

En el orden nacional, el macrismo ha llevado adelante una inteligente estrategia que le dio resultados en la primaria y, todo indica, nuevamente le servirá para la general del 22. Ha conseguido colocar en primer plano las denuncias por corrupción contra personajes del kirchnerismo, muchos de los cuales desfilan por tribunales, logrando enmascarar en un orden secundario la cuestión económica.

Aunque se conoce que pasadas las elecciones el gobierno nacional aplicará un fuerte ajuste que se sentirá en las tarifas de luz, gas, agua, combustibles por la liberación del precio; que no ha conseguido dominar la inflación y ha aumentado peligrosamente el endeudamiento externo, buena parte de la sociedad continúa apoyando la gestión presidencial. A menos que estén mintiendo todos los encuestadores, el cálculo es que será la primera fuerza nacional con un 40% promedio.

Naturalmente dicho porcentaje, si se quiere exiguo, le permite este liderazgo por la fragmentación que padece el peronismo, en distintas facciones: PJ puro, kirchnerismo, PJ light, PJ aliado, etc. Que también se trasluce en el sindicalismo. La ausencia de una orgánica en el llamado Movimiento Nacional Justicialista, sin jefatura visible, favorece el crecimiento del oficialismo nacional, que se presenta como una “derecha republicana” que está “predestinada” a cambiar el futuro del país.

Macri está obsesionado con obtener un buen resultado en estas elecciones, para consolidar su poder político y alejar el recurrente fantasma de las caídas anticipadas que sufrieron los dos últimos gobiernos no peronistas: Alfonsín en el ´89 y De La Rúa en el 2001. “Nosotros no somos radicales, somos el PRO, y nos quedaremos muchos años”, le suele repetir a su seguidores en los “retiros espirituales” que le organiza cada tanto su gurú estrella, Jaime Durán Barba.

En su hoja de ruta sabe que deberá enfrentar fuertes conflictos cuando lleguen al Congreso Nacional los proyectos que ya están en carpeta. Varios de ellos sin dudas provocarán fuertes remezones. La reforma al sistema de salud, que quitará una fuerte tajada a las obras sociales, será uno de los más ásperos. Otro, la reforma laboral, cuya flexibilización también exaspera las filas sindicales. Por eso, desde un tiempo a esta parte declaró la guerra a los gremios, persiguiendo a alguno de ellos, como el Pata Medina, para “demonizar” la figura de los popes sindicales y lograr la adhesión de la sociedad.

Hay otra iniciativa que generará, probablemente, fuertes discusiones: la reforma tributaria, basada en una rebaja de los aportes patronales para generar empleo, la eliminación o rebaja de tributos en algunas áreas de la economía y la modificación de la Ley de Procedimiento Administrativo. Esto, a pedido de los propios organismos internacionales que han aprobado numerosos préstamos a nuestro país.

Otro tema controvertido impactará directamente en las arcas provinciales, porque Macri ya dio su palabra a la gobernadora Vidal que impulsará la modificación de la Ley de Coparticipación Federal. El llamado Fondo de Reparación Histórica del Conurbano (FRHC) que supo usufructuar el ex presidente Eduardo Duhalde cuando se desempeñó como gobernador de la Provincia de Buenos Aires, volvió a estar en el centro de la discusión -luego de haber sido congelado en 1996- cuando la gobernadora María Eugenia Vidal reconoció su intención de "defenderlo y recuperarlo".

Según cálculos oficiales, de modificarse la distribución de los recursos federales a favor de Buenos Aires, San Luis perdería aproximadamente 1.600 millones por año. En cada provincia hacen similares estimaciones. Por esta razón es que una veintena de mandatarios han comenzado a reunirse, con la intención de frenar la intentona macrista en caso que llegue a debatirse en el Congreso.

Está más que claro que para poder imponer todas o algunas de estas iniciativas, el gobierno necesita imperiosamente mejorar la actual composición de las cámaras y reforzar las alianzas con algunas fuerzas provinciales, por eso la importancia del resultado electoral del domingo, donde proyecta imponerse en 12 provincias.

En San Luis, en cambio, el macrismo es oposición e intenta derrotar el poderío justicialista después de 32 años de imbatibilidad. El volumen de votos que obtuvo en las primarias de agosto sorprendió a propios y extraños. Al mismo tiempo, constituyó un fuerte llamado de atención para el gobierno, cuya magra cosecha lo obligó a impulsar fuertes reformas en la gestión y, también, en la estrategia electoral.

Le costó entender cómo alguien surgido de sus propias entrañas, el ex gobernador Claudio Poggi, aliado con un radicalismo en decadencia, pudo juntar tantos votos. Difícilmente vayan a admitir algún día su propia responsabilidad en haberlo instalado como su principal enemigo, lo cual le permitió asumir una victimización poco creíble, pero efectiva a la hora de buscar la polarización.

Avanzar-Cambiemos llevó adelante una campaña agresiva y directa. Poggi se dedicó a caminar la provincia enarbolando el discurso del cambio y la alternancia. Se preocupó cuidadosamente por mantener “provincializada” la elección, sin mencionar a Macri ni su adhesión al modelo nacional. A través de sus medios aliados, atacó duramente al gobierno, en la figura de Alberto Rodríguez Saá, y acciones ligadas a supuestos actos de corrupción, como el uso de dineros y recursos públicos con fines electorales.

No obstante Poggi también fue acusado desde distintos medios por graves actos de corrupción, como fueron los sobreprecios en la construcción del Centro de Convenciones. Por su parte la principal figura del oficialismo, Adolfo Rodríguez Saá, tras una campaña inicial un tanto errática, se enfocó en los últimos meses en “reconciliarse” con sus comprovincianos, como le dice a sus íntimos. Después del distanciamiento que produjo al atravesar dos mandatos de senador nacional, el ex gobernador entendió que debía calzarse los cortos y salir a gastar suelas. El contacto directo con la gente, la solución que les provee personalmente, sumado a mejoras ostensibles en algunos aspectos de la gestión provincial, como salud y seguridad, marcaron el último tramo de la campaña.

Sugestivamente a esta altura, cuando los encuestadores arriesgan cifras y resultados, los pronósticos están ausentes. Hablan de un poco creíble 30% de indecisos, para justificar su cautela. Pocos estiman probable que el oficialismo pueda superar en votos lo conseguido por Avanzar-Cambiemos, aunque todos admiten que la diferencia se ha estrechado claramente.

Más allá de esta incertidumbre, proyectar que el resultado del domingo 22 define lo que puede ocurrir dentro de dos años es cuanto menos una mirada equivocada, en un país tan cambiante como el nuestro. Será no más que una instantánea, una fotografía de un momento. Por delante se avizoran años difíciles, no exentos de conflictos y tempestades.

Las chances de la oposición provincial estarán ligadas a la marcha de la gestión nacional, que deberán defender en el Congreso. Si las reformas que impulsa Macri llegan a buen puerto, Poggi y cía. podrán erigirse en promotores de la refundación de una nueva Argentina. El fracaso, en cambio, los convertirá en co-responsables de una frustración nacional más en un país que siempre está en busca de un destino mejor.

Por el lado del oficialismo provincial, sus posibilidades de permanencia también están fincadas en orientar sus acciones según lo que marque la brújula de los reclamos y necesidades sociales. El llamado “modelo provincial”, tan exitoso en otros tiempos, deberá readecuarse a las nuevas demandas.

Para plantearlo en términos futboleros, las elecciones del domingo son el primer partido, cuya revancha final se jugará en 2019. A partir del lunes 23, unos y otros seguirán pugnando con sus mejores y peores armas, para ganar el favoritismo de las mayorías, esas que hoy te palmean y mañana te dan la espalda.

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