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El Domingo hubo una obra llamada "Griegos", que dió que hablar.



La actividad teatral en nuestra Villa, esta manifestándose cada vez con mayor calidad
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Es una linda devolución a los Artistas que nos visitan, poder reseñar o realizar una critica de su trabajo. La idea de poder compartirlo en un medio gráfico lo convierte en un hecho de mayor jerarquía aún. Agradeciendo al espacio ofrecido por "El Merlino", que con sus principios de participación colaborativa nos permite concretar nuestras acciones. El Arte involucra muchas instancias y la repercusión es una mas de ellas.   

 Este domingo 2 de diciembre “Tardes y Noches Merlinas” ha invitado al grupo cordobés La Convención Teatro , para que nos hicieran cómplices de los “Griegos”. Esta obra de teatro que no deja de salirse del formato, sin perder su identidad de género; y cuando me refiero al género, hablo de tragedia griega (tan representada en los tablones). Pero justamente para romper los cánones, la propuesta de este grupo ha sido invitar al público a sentirse juguetes de los dioses. Nuestros delicados destinos y el mismo destino del teatro tiene un rumbo que debemos encontrar. Somos simples mortales que tratan de reescribir lo que se sabe ya escrito.

      El domingo en la Parilla El Ciprés sobrevolaba un aroma festivo que nos transportaba a las bacanales (las festividades en honor al dios Baco). La estrategia de salir de la butaca y entregarse a los deleites carnales como la comida y las bebidas “nocturnas” codo a codo, con el resto de los que comparten estos mismos códigos. Creo que este idea de reconstruir, fuera del dispositivo del teatro, la entidad de “espectador” es enriquecedora, y sobre todo de la manera en que lo han hecho esa noche. Digo, no es la primea vez que un bar o cantina se convierte en espacio escénico, pero cómo se produce esa transformación es interesante. Los griegos han ido amasando al público desde el comienzo de la obra, le han ido susurrando lentamente a cada espectador: “esta noche harás lo que está escrito en nuestra obra, te conduciremos hasta las puertas de la venganza: aunque no quieras, serás irremediablemente cómplice de una muerte”.

        La obra comenzó poniendo informalmente en sintonía al público con la historia de Agamenón y Clitemnestra. Fue muy interesante como construyeron la empatía mirando a la cara, tocando, poniendo el cuerpo junto al cuerpo. Y retomo la idea de que la entidad de “espectador” fuera una materia moldeable allí; los actores nos invitaban a involucrarnos, pero de verdad, con sutileza y profundidad, al punto de saber todos en que momento iba a ocurrir el crimen de Agamenón, y dejarlo ser, silenciar el impedimento de que se hiciera justicia.

        La obra contiene textos que hacen referencia al lenguaje de la tragedia, otros textos que actualizan el formato discursivo a nuestro lenguaje actual, lo que la convierte algunas escenas en domésticas, familiares, cercanas y por ende incomodadoras y espejantes. Aparece el culebrón que actuamos en algún momento del día.

        Estaba muy presente la idea de entrar y salir, o mejor dicho de romper límites (no solo del texto “original”), sino romper con el espacio escénico, con el rol de espectador pasivo, con la dirección o trayectoria de una historia cuyo desarrollo ya ha sido revelado al público. Los exabruptos, la crueldad, la injusticia, la venganza han sido excesos, han sido todo lo que se nos ha escapado de la razón, lo que ha burlado los límites, lo que hemos querido robarle a los dioses por una noche y convertirnos en escritores de nuestro propio destino ya escrito, total, ya conocemos el final.



por Andreina

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